El panorama de destrucción total que siguió al terremoto del pasado 12 de enero, contrastaba grandemente con aquel otro que visualizó en octubre de 2009 el equipo de Revista ESTRELLA, cuando se trasladó a Puerto Príncipe para hacer un reportaje especial sobre la construcción de la Route Nationale 1.
En aquel entonces, a todos impactó la limpieza y el orden en el aeropuerto, el bullicio en las calles, la vitalidad de los barrios, los alegres mercados callejeros y los rostros tranquilos de los niños haitianos con sus trajes escolares. Lejos parecían los tiempos de caos y muerte.
De regreso, pese al mal tiempo y los nervios en el bimotor, les parecía regresar de un lugar muy diferente del que le habían descrito. Los que habían visitado antes a Puerto Príncipe, no podían ignorar que allí empezaba a surgir algo. Un tiempo nuevo, un renacer…. Haití, al fín despegaba. Y vino esto.
El terremoto no solo tomó por sorpresa a Haití y al mundo, sino que llenó a todos de un estupor comprensible. Si el sismo tuvo una intensidad capaz de destruir a cualquier ciudad del Planeta, ¿que no haría con la empobrecida y muy poblada Puerto Príncipe?
Ese fue el sentir colectivo en este lado de la Isla. Por eso, al amanecer del día 13 muchos fueron los que se movilizaron con intención de socorrer a los haitianos, aun cuando se desconocía la magnitud de la tragedia.
Nuestro Presidente, Manuel Estrella, fue uno de ellos. Llegó a la destruida ciudad llevando consigo un equipo médico del Hospital Metropolitano de Santiago (HOMS) y durante varios días trasladó al país a decenas de heridos. Entre ellos, hubo varios niños que aún hoy se recuperan en centros especializados de Santiago, y llegó también el senador Kelly Bastien, quien luego de varias semanas ingresado pudo retornar ya a Haití.
Mientras los camiones y quipos pesados de ESTRELLA en Haití eran integrados a las labores de rescate, en Santo Domingo y Santiago, el personal de todas nuestras empresas se ocupó de poner en funcionamiento dos grandes centros de acopio de medicinas, alimentos, frazadas, sábanas y otras productos básicos aportados por nuestros empleados, sus familiares y por diferentes sectores que confiaron en nuestras manos sus donaciones.
Nuestras instalaciones en Haití no fueron afectadas por el sismo, y estamos agradecidos por ello, pero lamentamos profundamente esta terrible tragedia que afectó al pueblo haitiano, y nos unimos al dolor que le embarga por las cuantiosas pérdidas de vidas humanas. En especial, compartimos este sentimiento con nuestros compañeros de trabajo y amigos haitianos.

































